Muestra de Francisca Yáñez inaugura Galería Cero: “Es una conexión con la experiencia estética para los niños”

Agosto 23, 2019 Por VivaLeer

La artista chilena instala su trabajo "La Maleta infinita" en la primera sala de exhibiciones para niños y niñas de 0 a 8 años del Centro Cultural La Moneda. Por: Francisca Tapia.

El día que Francisca Yáñez debió partir de Chile, con sólo dos años y medio, la acompañaba una pequeña maleta de mano repleta del bien más preciado que tenía a esa edad: sus figuras de papel. Al momento de abordar el avión que la conduciría a una infancia migrante entre Argentina, Alemania y Costa Rica, el equipaje se abrió y las figuritas volaron unos instantes, antes de que su hermano y su padre recuperaran parte de ellas. Esa imagen seguiría rondando su mente y poblando su imaginario personal en su trayectoria como ilustradora, diseñadora gráfica y artista visual, y esa historia sería también el punto de partida de su muestra “La Maleta Infinita”, que inauguró el pasado 9 de agosto la nueva Galería Cero en el Centro Cultural La Moneda, el primer espacio de exposiciones pensado para niños y niñas de 0 a 8 años.

Pensamos en un lugar donde todos los niños que la visiten con su familia – porque no es tampoco una aproximación individual – se sientan acogidos, que no haya una barrera que porque esto es arte no entro porque no voy a entender, que pasa mucho en las galerías, no por una falencia de ellas, son estructuras más grandes que eso” explica Francisca Yáñez sentada a pocos metros de su exposición en el Centro Cultural, que permanecerá abierta al público en la Galería Cero hasta enero de 2020.

“La Maleta infinita” es la conclusión de un proyecto portátil que comenzó en 2016, recogiendo experiencias migrantes de niños y niñas de distintos países del mundo, y hoy tiene la forma de una instalación dedicada a la primera infancia que permite a los niños interactuar con las figuritas, los juguetes y los libros que la conforman, todos situados a la altura promedio de un niño. “Es una inversión de roles, normalmente son los niños lo que se tienen que adaptar al mundo adulto cuando tienen que ir a una galería o un museo. Como obra era importante eso, que los adultos se pongan en la mirada o perspectiva del niño”, afirma la artista.

¿Cuál crees que es la importancia de entregar experiencias estéticas y artísticas, como las que ofrece la nueva Galería Cero, desde temprana edad?

Para mí, que trabajo en eso, por supuesto que te voy a decir que es fundamental. Yo lo llamo un tejido de conocimiento; los niños a edad temprana empiezan a leer el mundo, juntando experiencia, lo sensorial es primero y para mi cualquier experiencia estética, ya sea algo de artes visuales, o un libro álbum, son lo mismo, porque es ir construyendo sentido a través de imagen y texto, al final son un solo tejido de ideas y eso es como un músculo que se entrena y si los niños están habituados desde chicos… ni siquiera es que estén habituados, ellos incorporan ese lenguaje de un forma muy natural, después nos atrofian cuando somos grandes, nos hacen separar en casilleros los conocimientos y las ideas, pero ellos lo incorporan, ellos conocen el mundo así, no hacen la separación, sólo absorben y todo es simultáneo, conocen con el cuerpo, con la cabeza, con el oído, con el tacto, con las emociones. Nosotros cuando la leemos como los niños es cuando se completa totalmente, por eso muchas veces nos sentimos lejanos, porque el adulto tiende a alejarse de una experiencia de artes visuales, hay prejuicios, no estamos tan acostumbrados.

La Galería Cero en ese sentido es una conexión con la experiencia estética para los niños, pero también es de los adultos, nosotros también estamos lejos. Si bien hay gente que visita galerías, va a las exposiciones, no sé si aprovecha bien el estar adentro y cómo haces la lectura, se tiende a pensar que es algo difícil o que hay que tener una actitud “intelectual”. Si eso se incorpora como algo cotidiano, como que es parte de una necesidad de tu vida tener acceso a un libro de calidad que te está contando una historia donde tú puedes además mirar buenas imágenes, se va entrenando desde pequeños y al final es un diálogo con el mundo.

¿Qué obras literarias recomendarías para potenciar esta experiencia también desde el hogar, desde lo cotidiano?

Cualquier libro u objeto, que te conecte honestamente, que te está diciendo algo que tiene que ver con tu visión de mundo, como adulto, y lo dejas al alcance de un niño, siempre va a ser recomendable, porque el lector finalmente es el que decide con qué se queda. Yo cuando era chica tuve la fortuna de tener muchos libros a mi alcance, muchos libros ilustrados también, a mí no me obligaban a leer, pero me los dejaban cerca, que yo pudiera alcanzarlos, cualquiera, no había una preselección. Recuerdo que mi libro favorito, que miraba medio a escondidas, se llamaba algo así como “la pintura negra” y salían pinturas negras de Goya que eran terroríficas y yo no sabía si era un libro que tenía permitido mirar, aunque nunca me censuraron, pero yo me ponía la autocensura como juego, “voy a mirar algo que es medio prohibido”, y me pasaba horas mirándolo. Quizás un psicólogo no se lo recomienda a la niña de 7 años, pero yo me fascinaba y creo que aportó un montón de cosas a mi imaginario, entonces yo, si tuviera que recomendar algo sería tener los libros al alcance… Cualquier libro que les toque el corazón va a ser bueno para que los niños lo tengan ahí, la cosa es que los puedan tocar, que estén cerca, que no tengan que pedir a un adulto que se los saque.

¿Cuál debería ser el rol de los adultos que llevan a los niños a visitar “La Maleta Infinita” a la hora de mediar o acercar las obras expuestas?

Hay adultos que cumplen distintos roles, en la sala hay mediadores, hay una psicóloga también que está trabajando con ellos y con el público. Yo siempre lo llevo a la metáfora de la migración, tú entras a este país que es la galería y ellos vendrían siendo los funcionarios de la frontera que te acogen y que te reciben amablemente; es como cuando se llega a cualquier territorio nuevo civilizado, en que hay acuerdos, hay una carta de presentación, una especie de Constitución de la sala que te dice ciertas normas básicas que no tienen que ver con poner reglas estrictas, tiene que ver con la convivencia, lo primero es proteger el espacio que es para los niños entonces esta carta tiene algunas normas de convivencia. Estos mediadores también te explican qué es lo que va a pasar en esta sala, qué es lo que se ofrece. No está concebida como una sala de juegos o una guardería, que podría serlo y sería muy bonito, pero no es la idea de la sala, pero los niños están invitados a explorar libremente. En este caso la idea no es decirle al niño “no toque”, la idea es decirle: puedes tocar, pero con cariño, con cuidado. Esa aproximación es la que facilitan los adultos, los que acompañan, los guardianes de los niños que pueden ser los padres, o abuelos, o tíos o amigos, quien esté a cargo, cumplen esa función intermedia. Si ellos se aproximan con respeto, con cariño y entran en la dinámica de la contemplación que tiene la sala, los niños lo van a hacer por imitación, no hace falta imponerles una forma de mirar, no hay un recorrido establecido, ellos pueden partir por donde quieran.

¿Qué desafíos crees tú que quedan a los próximos expositores de Galería Cero para seguir cultivando este espacio?

Hartos desafíos van a tener porque es una sala que ofrece todas las posibilidades para explorar con todos los sentidos, es un espacio bien grande y ojalá se mantenga el espíritu de tomarnos el tiempo que necesita la contemplación. Es un deseo personal, no sé cómo lo tendrán contemplado en el Centro Cultural, pero la sala es un espacio que es una alternativa también al ruido, al poco detenernos, al poco tiempo que dedicamos para mirar arte, para leer un libro, para entender un texto, porque en general ya estamos acostumbrados a la saturación de información y los niños empiezan a crecer de esa forma… No estoy diciendo que eso sea malo, lo que no me gustaría es que fuera la única forma y que este tipo de espacio repitiera ese ritmo. Ojalá se pudiera mantener como un espacio de hacer un alto, de parar y trabajar la disposición para contemplar.

Alguien que vino a ver la muestra me dijo una cosa muy bonita: que era sin estridencias, y eso era personalmente mi mayor aspiración, que fuera un lugar sin estridencias, que te conecte de una forma bien sencilla.

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