Liliana Bodoc, la madre de los confines

Julio 20, 2020 Por VivaLeer

Durante este año –y particularmente en julio, en que se recuerda el nacimiento de Bodoc– estamos celebrando los 20 años desde que “Los días del venado”, el primer volumen de La Saga de Los Confines, ve la luz. Junto a “Los días de la sombra”, “Los días del fuego” y “Oficio de búhos”, Bodoc construyó un imaginario épico-fantástico-poético que, junto con traernos la conquista de América en clave latinoamericana, nos revela a un pueblo entrañable al que querremos volver una y otra vez.

“Hace muchísimos años, pensé: ojalá alguien escriba una épica desde el sur, al que Tolkien carga sistemáticamente de connotaciones negativas; desde el este, al que Tolkien carga sistemáticamente de connotaciones negativas; desde la colectividad y no desde el héroe.”

Y así, sin saber mucho en qué se estaba metiendo, Liliana comenzó una investigación histórica, antropológica, literaria, geográfica, que comenzó a tomar forma y a plasmarse en la que se convertiría en su obra cumbre: La saga de los confines.

Hace 20 años, de la mano de la editorial Norma y de su editor Antonio Santana, veía la luz el primer tomo de esta saga, Los días del venado, inaugurando así la colección Otros Mundos de esa editorial.

Este primer libro de la autora argentina comenzaba a conquistar a cientos y miles de lectores. Primero en este continente, para luego convertirse en un fenómeno editorial a nivel mundial, con traducciones al alemán, inglés, italiano y hasta el japonés.

En Los días del venado, Bodoc construye un imaginario que integra la existencia de pueblos completos, sus costumbres, idiosincrasia, festividades. A partir de esta construcción, nos adentramos en las Tierras Fértiles, en el mar Lalafke y en las montañas Maduinas, un espejo enmarcado en fantasía que nos remite a la América del Sur con su Océano Pacífico, la Cordillera de los Andes y el pueblo mapuche. La historia cuenta la guerra que se libra entre las Tierras Antiguas y las Tierras Fértiles en un consciente paralelismo con la conquista europea a las tierras americanas.

Pero más que estas batallas inconmensurables, llenas de odio, de muerte y de desolación, lo que destaca en esta novela épica es la lengua poética de la autora. Parafraseando sus propias verdades, aquí lo que más importa es el cómo se cuenta la historia. Bodoc nos envuelve con una prosa poética que es un verdadero placer y a través de personajes entrañables, como Vieja Kush, Wilkilén, Dulkancellin, Thungur, Kupuka, va construyendo una tierra mágica, húmeda y fértil que nos arrulla con el sonido de las lluvias del sur y el olor a bosque eterno.

Junto con esta épica construida desde el sur, Bodoc se desapega de Tolkien –con quien se la ha comparado– a través de la figura de mujer. Kush es la matriarca no solo de su familia, sino que de todos los husihuilkes, ese pueble maravilloso que respeta, venera y cuida a sus ancianos; el que, antes de la temporada de lluvias, se reúne en una fiesta para compartir con sus hermanos todo aquello que les sobra. Porque los husihuilkes se construyen a sí mismos desde lo comunitario, desde el trueque, desde las sabidurías ancestrales que los Brujos esparcen por el territorio, desde los ojos conocedores de sus ancianos, desde las señales que los árboles con sus hojas, las aves con sus plumas y la tierra con sus sonidos les entregan día a día.

Pero volvamos a la mujer: si bien los guerreros que van a luchar con el Odio eterno son varones, las mujeres tienen un poder social, mágico y territorial que va entretejiendo la obra completa. Son ellas, a través de su voz, las que construyen el universo de los confines; son ellas las que sanan, las que alimentan, las que cantan y las que sostienen a las Tierras Fértiles. Son las mujeres la base del pueblo, las raíces de la tierra, las de corazón suave y manos ásperas, tal como se describe a Vieja Kush.

Créditos: Gonzalo Cortés Kenny.

La Saga de los Confines es un espacio poético único, con una historia que envuelve, con personajes inolvidables, y que hace honor a las palabras de su autora: “Lo que conoce el pensamiento poético, no lo puede conocer ningún otro pensamiento”.

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